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Bueno, pues me gustaría pues compartir con vosotros algunos recuerdos que puedan ser de interés.
Algo que me rondaba la cabeza durante el tiempo anterior a tomar la decisión la primera vez, hará ya más de diez años, era, como una inspiración del Espíritu Santo, la idea de la Sagrada Escritura: Y estuvo entre algodones hasta que supo distinguir el bien y el mal. Pensaba, mis niños -dos niñas entonces en el colegio- están expuestas a toda clase de experiencias e influencias que yo no conozco, y algunas que sé que no quiero. Mientras, yo en mi casa respiro paz y buenas lecturas, buenas "audiciones" mientras trabajo, crezco espiritualmente gracias a todo ello, mis hijas llegan cansadas y traen consigo un ambiente extraño. Veía en la mayor una incipiente rebeldía. No pasaba semana en que no tuviera que protestar por el libro elegido para lectura, por la poca calidad y nivel, por la falta de valores de los textos que tenía que estudiar, por las actividades que se organizaban que contradecía lo que tenía que ser el espíritu de un colegio cristiano etc.
Temblando, pero tomé, tomamos, la decisión, y fueron las niñas las que "tiraron del carro". Digo esto porque entonces tenía trillizos de meses que atender, y mi tiempo para ellas, para ayudarles o enseñarles cualquier cosa era poco. Eran dos niñas buenas lectoras, muy buenas niñas, y ellas mismas estudiaban y aprovechaban el tiempo, un regalo del Señor porque no siempre es así como comprobaría más tarde con sus hermanos.
Un par de años más tarde, en otra crisis con todos en casa, los trillizos con tres años y dos bebés más detrás, un día que pensaba que todo era un desastre, un caos y que no íbamos a ningún lado, mi amiga Emma (sobrina de Victoria Gillick, que a algunos os sonará por ser la autora de Relato de una Madre, ed. Rialp, también madre homeschooler además de la que montó en defensa de los padres ante la distribución anónima y gratuita de anticonceptivos en las escuelas-ahora son abortos lo que se ofrece, pero ese es otro tema, relacionado no obstante-), bueno, esta amiga me dijo la siguiente frase, sencilla pero lapidaria:
"No te preocupes, lo importante es lo que no aprenden".
Y es cierto. Lo que no aprenden es fundamental. Un sacerdote mayor, Jesuita, que en Inglaterra está apoyando a las familias "homeschoolers", dice que vale la pena "por la inocencia de los niños". Nuestra amiga Conchita que por este foro anda me decía lo mismo en una conversación tiempo atrás. La inocencia de su niña que en sexto de Primaria todavía jugaba tan tranquila con muñecas. Lejos de ese ambiente en que a los niños se les roba su niñez, de conversaciones en las que aprenden lo que en casa nunca oirían, porque niños que están abandonados a la tele o los vídeos han visto o experimentado...
Otra madre que también optó más tarde por el homeschooling (estoy hablando de nuestra experiencia en Inglaterra también) nos contaba que pasaba las tardes y las vacaciones haciendo des-aprender a sus niños los malos hábitos que traían del cole. Es experiencia de otras madres también, que hasta entrada la mitad de las vacaciones de verano, los niños no se han suavizado, se han "socializado" diría yo, y es mi experiencia también. No digo yo que educándolos en casa no haya lucha diaria, pero los niños están más tranquilos, obedecen más, ayudan, y saben que no hay malas palabras ni malos o agresivos modos que valgan.
Lo más importante, el objetivo de una familia católica, no obstante es vivir con los niños una vida de fé y oración. Eso se puede hacer o no hacer estudiando en casa o con los niños en colegios de confianza, o adversos. También podemos perder el sentido de nuestras vidas y poner otras prioridades con los niños "homeschooling", pero lo que sí es verdad es que esta forma de vida permite poner las prioridades que se quieran: permite hacer de nuestras casas verdaderas iglesias domésticas, pues podemos programar el día como en un pequeño monasterio, al ejemplo de la casa de Santo Tomás Moro, de la escuela de Alicia -aunque nos quedemos muy lejos- o de tantas casas anónimas en las que se comienza orando en familia, hay tiempo para el Oficio Divino y los niños lo aprenden, la Misa diaria sin prisas ni agobios por la tarea interminable que imponen en el cole (un problema), hasta para el Rosario antes de dormir, y para dictar o leer cosas espirituales y que llevan a Dios. Se puede doblar o cuadruplicar el tiempo dedicado al estudio de la Religión y otros estudios que de verdad sirvan para la vida, pues no hay que cumplir con el curriculum que diseñen las autoridades de turno. (Y que nadie se asuste, que queda tiempo para las otras asignaturas, incluso para latín y francés...)
En fin, dentro de las carencias, soledades y cruz que conlleva, el sacrificio y la dedicación, las posibilidades son grandes.
P.S. Citaba a Laura Berquist en otro hilo, en el prólogo a su libro, Designing your own Classical Curriculum, se refiere a la familia cumpliendo ahora la misión de los monasterios en épocas pasadas, de transmisión de la fé a las nuevas generaciones. Cuando fuera se vé tan dificultada esta misión, la escuela en casa puede ser el lugar donde se ofrezca esa oportunidad de intentar llevarla a cabo.
Ultima edición por Arantza el 01/10/2008, 23:13:33, editado 1 vez en total
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